24.1.22

¡weekly challenge! Escribe una historia | primer post




He decidido que mi primer post en este blog sea de un pequeño relato que he escrito en relación con cómo es ahora estar en los 20, cómo muchos jóvenes están agobiados por sentir que se les acaba el tiempo. Aunque, en realidad, solo estamos empezando a vivir.

Esto es un reto semanal que me proponen mis journals. Este, en concreto, era sobre escribir una historia. Creo que no era del todo el objetivo una historia así de "triste", pero es lo que me salió en su momento. 

 

 Necesitaba respirar. Ella se encontraba en una espiral de preocupaciones que no cesaría en ningún tiempo cercano. Una espiral hundida en el fondo del océano y ella trataba de salir arriba sin bombona de oxígeno. Pronto sentía cómo el agua entraba a sus pulmones y ejercía cierta presión que le causaba sensación de ahogamiento. 
Sin embargo, desde fuera, la gente pensaba que era una chica con suerte. Un futuro brillante se le venía encima lleno de trabajo, una pareja estable, una propiedad en su mano, una familia, hijos. Su vida estaba prácticamente resuelta. 
O eso parecía. 
Solo estaba en sus 20 y muchos, aun no llegaba a los treinta, aunque poco le quedaba. “A los 29 se te acaba lo bueno, aprovecha este último año, luego viene la verdadera vida adulta” “Si a los 30 no tienes una vida, has fracasado” “A ver cuándo tienes hijos” “Ya va siendo hora de sentar la cabeza”… Estas son solo unas pocas de los comentarios con los que lidiaba día a día. 
Y, dentro de ella, todo aquello calaba muy poco a poco pero sin parar.  No sabía ni siquiera si estaba bien. Decirle a su madre todos los días que estaba contenta con su trabajo –que, por cierto, era resultado de una carrera elegida por sus padres– y que todo le iba genial no era nada fácil. Mentir nunca era fácil, pero mentirle a una madre era doloroso. No quería que se preocupara. No. No quería que estuviera encima de ella y provocar aun más agobio para sí misma. 
Así que, para los ojos de todo el mundo era una mujer con éxito que se valía por sí sola, fuerte, independiente, con las ideas claras y lista para comerse el mundo. Pero, en realidad, seguía siendo una niña de 21 años, acabando la universidad y con la enorme presión de lo que vendría después. Sola con sus pensamientos, averiguando aún de qué iba su vida, qué sería de ella en tan solo unos meses. La vida adulta era difícil, nunca se imaginó cuánto. 

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